Porque de ti aprendí lo necesario. A prescindir de lo inútil, que nada es precario. Del brillo de tus ojos, a disfrutar del tiempo lento. Cuatro cosas útiles de tu gesto cierto. Y muchas cosas más. A tirar el lastre, de eso que es la existencia; del tráfico, del peso de los lunes, a robarle el tiempo al minutero de los relojes que matan el tiempo. Aprendí a sumar lo lógico y lo incierto, y a soportar sólo lo soportable.
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